Oscar, su vida

Oscar nació en San Sebastián, Puerto Rico en 1943. Su familia se mudó a los EE.UU cuando era un adolescente. En la adaptación a su nuevo hogar, se las arregló lo suficientemente bien en el conocimiento del inglés, como para ayudar a los adultos de habla hispana en su barrio a abrirse camino a través del laberinto de los servicios públicos y privados. Al igual que muchos jóvenes latinos y los hombres afroamericanos, fue reclutado por el ejército de EE.UU. Fue en Viet Nam que Oscar comenzó a entender lo que significa ser puertorriqueño en los Estados Unidos y la necesidad de un pueblo de controlar su propio destino. Su servicio en Viet Nam le ganó la Estrella de Bronce. Cuando volvió de la guerra en 1967, Oscar vio cómo las condiciones deplorables de la comunidad puertorriqueña, el racismo y el discrimen, habían alcanzado niveles críticos y de inmediato se puso a trabajar para mejorar la calidad de vida de su pueblo.

Como joven consciente de su puertorriqueñidad, participó con otros jóvenes puertorriqueños en la organización de la comunidad para abordar cuestiones como la brutalidad policial, las condiciones miserables de vivienda, el sistema educativo, que ignora las necesidades de los estudiantes puertorriqueños, y el caso colonial de Puerto Rico. Participó activamente en la lucha por la educción bilingüe en las escuelas públicas y para obligar a las universidades a reclutar a estudiantes, personal y profesorado latino. También, ayudó a fundar programas educativos en la prisión de máxima seguridad para hombres en Stateville, Illinois. Trabajó en la comunidad en la lucha contra las drogas y la brutalidad policial y luchó para acabar con la discriminación en los servicios públicos en la Illinois Bell, Gas Popular y Commonwealth Edison.

Fue parte integral en la creación de instituciones culturales y educativas y participó en el desarrollo del Comité por la Libertad de los Cinco Prisioneros Nacionalistas de Puerto Rico. Mientras la comunidad respetaba su trabajo incansable, el sistema tomó medidas para reprimir el desarrollo de este movimiento, que les resultaba amenazante. Entonces él y otros jóvenes de Puerto Rico, inspirados en los movimientos guerrilleros heroicos en todo el mundo, decidieron que el trabajo por la independencia de Puerto Rico debía llevarse a cabo de manera clandestina.

Fue arrestado en 1981, acusado de ser miembro de una fuerza clandestina que buscaba la independencia de Puerto Rico, y condenado a 55 años por conspiración sediciosa. En 1988, como resultado de una conspiración gubernamental que le fabricó un escenario de escape, le sentenciaron 15 años adicionales, los que comenzaría a cumplir después de terminar la sentencia de 55 años. Su fecha de liberación sería en el 2027, cuando tendría 84 años de edad.

De 1986 a 1998 fue encerrado en las prisiones de super-máxima seguridad en el sistema federal de prisiones, en condiciones no muy diferentes a las de Guantánamo, en la que los “combatientes enemigos” se mantienen en condiciones que la Cruz Roja Internacional, entre otras organizaciones de derechos humanos, han catalogado equivalentes a la tortura. Luego de siete años en la población general de una prisión de máxima seguridad, fue trasladado a una nueva y más dura penitenciaría que es el hogar de la pena de muerte federal. En 2008, por primera vez desde su arresto en 1981, fue puesto en una prisión de seguridad media, pero con la condición de que se presentase cada dos horas para los cotejos del personal.

A pesar de 28 años de adversidad en la cárcel, Oscar ha mantenido su integridad política, fisica, emocional e intelectual. Mantiene una buena condición física, se centra en el estudio y lee vorazmente, manteniéndose al día con los temas de actualidad, y también escribe. Además, Oscar se ha convertido en un artista talentoso, prolífico, cuyos dibujos y pinturas forman parte de una exposición itinerante, ANTESALA DE LA LIBERTAD, como continuación de la Exhibición Sin Espacio Suficiente que se estuvo realizando en los últimos años junto a la Red Nacional Boricua de Derechos Humanos y el Comité Pro Derechos Humanos, que la llevaron de gira a través de los Estados Unidos, Puerto Rico y México.

La hija de Oscar, Clarisa, vive en Puerto Rico con su hija Karina. Debido a las duras condiciones, incluidas las visitas sin contacto, Karina no pudo tocar a su abuelo hasta que cumplió 9 años de edad. Sus visitas familiares son pocas y distantes entre sí, debido a los gastos de los viajes de larga distancia y a las políticas de visitas arbitrarias y punitivas que intentan servir como forma de desmotivar o desincentivar las mismas.